Cartas desde Londres (4) - La verdadera responsabilidad del votante de izquierdas
Friday, June 5th, 2009
Siguiendo las tres cartas anteriores, y dado que las elecciones al Parlamento Europeo tienen lugar el próximo domingo, creo apropiado dirigir unas pocas líneas al votante progresista respecto a las consideraciones que pienso deberían definir su respuesta electoral en este momento.
La extrema derecha ha buscado desde el final de la segunda guerra mundial, ha encontrado y está usando continuamente maneras de pervertir e instrumentalizar el juego democrático para favorecer su ascenso y su infiltración en el sistema.
Manchar el prestigio de las instituciones, de la política y de la vida pública en general son los puntos clave de esta perversión y se manifiestan como exitosos en el momento algún ciudadano pronuncia la frase ‘todos los políticos son iguales’.
Estas maniobras de carácter esencialmente fascista se basan en actuaciones poco aparentes y siempre disfrazadas de algún otro motivo, moralmente irreprochable.
Por ejemplo, nadie podría decir directamente que querer responsabilizar a ETA del atentado de Atocha es fascismo. Pero curiosamente hubiera beneficiado electoralmente al PP que fuera así -apelando al voto duro contra ETA-, lo que es una perversión del sistema democrático muy grave. El PP engañó a sabiendas a un país entero para intentar perpetuarse en el poder político.
Nadie podría decir que las teorías de la conspiración de Pedro J., aparentemente preocupadas por establecer la verdad, son fascismo. Pero realmente estas especulaciones peregrinas están interesadas únicamente en nublar el juicio y dudar de la actuación de todos menos del PP, con el resultado de una peligrosa erosión por intereses partidistas de la credibilidad de instituciones cruciales para el funcionamiento de la democracia como son el justo y limpio funcionamiento de la policía, oposición y los jueces. Todo esto después de años de investigación y un juico público en el que si quedó algo claro, fue que el PP nos mintió a todos después del atentado.
Nadie podría decir que criticar el uso del coche oficial del presidente de la Xunta, y del Falcon presidencial es una actitud fascista, ya que con estas críticas aparentemente se busca un sistema más justo (Cartas desde Londres (3) - ¿AirForce One Sí, Falcon No?). Pero curiosamente, al introducir la cuestión de los bienes públicos en las campañas esta cuestión nunca se planteó ni en esos términos, ni en los foros adecuados para ellos (los parlamentos gallego y español), sino que se lanzó en medio de una campaña electoral para desviar la atención de los proyectos, desprestigiar al adversario y a la clase política en general en tiempo de una gravísima crisis económica, cuando las sensibilidades presupuestarias están a flor de piel. Volvemos al ‘todos los políticos son iguales’.
Nadie podría decir que los procesos abiertos recientemente contra el juez Garzón son fascistas, sino que están aparentemente destinados a parar los excesos del ‘super-juez’. Pero en realidad son represalias de la parte ultraderechista de nuestra judicatura contra Garzón porque al mismo ‘super-juez’ que antaño ellos ayudaron a crear durante los años de Filesa y el Gal y que acabó llevando a Aznar a la Moncloa se le ha ocurrido destapar en el PP la mayor red de corrupción de la historia de este país: el caso Gürtel. Y no sólo eso, sino investigar los crímenes del Franquismo. Y eso se paga.
Nadie podría decir que es fascismo que diga Mayor Oreja que hay una crisis de valores, aparentemente un intento de ser más morales en momentos difíciles. Pero en realidad lo que está sugiriendo es que no hay una crisis económica, sino que en realidad en España lo que hay es una crisis del sistema político debida a esa ‘falta de valores’, implicando, por arte de birli-birloque, que es la ‘falta de valores’ de la clase política -progresista, por supuesto- la que nos ha llevado a la crisis. Tampoco advierte abiertamente que esos ‘valores’ que él cree que están en crisis y que hace falta reforzar no son los valores democráticos (claramente en crisis en el PP desde su fundación), sino la moral católica tradicionalista. Pero él ya ha apelado al miedo de los electores a la desintegración del estado en un momento difícil, y a la crisis de principios morales… Curiosamente se desintegra el estado mucho más rápidamente negándole efectividad continuamente en todos los ámbitos y extendiendo la duda y el quintacolumnismo antidemocrático (querer imponer los valores religiosos de una confesión religiosa como los valores humanistas que debemos seguir todos). Llegamos otra vez a la erosión de las instituciones y del sistema y a la tergiversación de los valores democráticos.
Sin mencionar el tema del aborto y la pederastia, las reacciones Populares a los casos de corrupción en su partido (Cartas desde Londres (2) - Corrupción y Doble Moral), y el uso más propio de un regimen fascista de los medios de comunicación públicos TeleMadrid y Canal 9. Prueba de ello es el siguiente clip del candidato socialista, que tiene que utilizar -y lo dice bien claro- un espacio protegido por la junta electoral para que no se le corten sus críticas:
El PP lleva años promoviendo activamente el desprestigio de las instituciones, empujándonos al lodazal en el que tuvimos que vivir durante siglos de atraso. Promueven activamente la vuelta a un sistema caciquista. Quieren que todos acabemos desconfiando tanto del Estado y de los políticos (que respectivamente es el que garantiza nuestros derechos y son los que nos representan democráticamente) que acabemos pasando a confiar nuestro destino al cacique de turno (que ya se ocupará de ‘hacernos el favor’).
Trabajan día a día para la creación de un estado dentro del estado. Y de un estado a su medida (los casos de València y Madrid son paradigmáticos e infinitamente tristes) en plena sintonía con el caso italiano (Cartas desde Londres (2) - Corrupción y doble Moral.) Con la connivencia de la clase periodística de este país, que ya podía atreverse a decir las cosas claras algún día, pero prefiere seguirle el juego a la derecha (que si pagamos el queroseno del vuelo de ZP, o sólo los escoltas, etc) alimentando discusiones escolásticas que transmiten el mensaje que interesa a la derecha (que es que el debate político es complicado, sucio y superfluo), y se equivocan profundamente de objetivo, al no desvelar la perversa naturaleza e intención de estas tretas a la ciudadanía.
Lo que el votante de izquierdas ha de ser es tremendamente crítico con sus propias ideas pero también necesaria y vorazmente lúcido. Ha de darse cuenta que la derecha española no es la CDU alemana, y que el Estado Español por su juventud y por su nacimiento no tiene los mecanismos de protección de la verdad que existen en la democracia germánica. El votante de izquierdas tiene que entender que la derecha Española no vota por razones sino por Fe, sin necesidad de pruebas, y lo que es más, ‘por sus cojones‘.
El votante de izquierdas ha de darse cuenta que España se encuentra en un momento decisivo (Cartas desde Londres (1) – La Encrucijada Española) y que antes que profundizar en qué opción particular progresista queremos implantar en España hemos de ser responsables e impulsar a nuestro país por una senda de progresismo y valores genuinamente democráticos que nos aseguren un futuro abierto, noble y justo.
No podemos permitirnos el lujo de ser co-autores del asesinato de la España moderna, ni por votar opciones periféricas, ni por abstención electoral. La historia de España está llena de pequeños fogonazos de modernidad, de intentos de limpiar al país que acaban siendo engullidos por nuestra derecha cavernícola y profundamente antidemocrática.
No podemos permitir que vuelva a pasar. Queremos avanzar hacia un modelo de estado avanzado y moderno que crea en sus instituciones y que respete los derechos de sus ciudadanos. Si los progresistas no votamos al PSOE durante las próximas legislaturas para apuntalar nuestros derechos como ciudadanos y aseguramos así una posible renovación de la derecha española, estamos siendo cómplices de la lenta pero insidiosa transformación de España en otra Italia. Esto es, asegurarnos otros cien años de miseria moral, oportunismo, y vergüenza para España.
No se trata de discutir cómo colgamos las cortinas nuevas, se trata de salvar una casa que arde, y rápido.
Y no podemos permitirnos equivocar nuestra lectura de la realidad.
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