¡Esto sí que es indecente!
Monday, February 27th, 2012
Este post nace de un creciente malestar debido al constante mailing al que se me somete –con las mejores intenciones, estoy seguro- en cadenas de mails, posts en facebook, etc. El malestar no nace tanto de la irritación por el hecho de ser bombardeado por atareados ciberactivistas, sino por la disparidad entre intención y contenido en estos constantes correos y posts.
Me da la sensación de que –una vez más- a más de uno le están vendiendo la moto con todos estos temas pseudo-revolucionarios y medio-radicales que están tan de moda ahora sobre la reforma del estado. Digo esto porque normalmente estos mensajes que aparentan salir del sentido común –que como sabemos es el menos común de los sentidos- al tiempo que pretenden dotarse de un cierto halo izquierdista no son más que –en la gran mayoría de los casos- propuestas de raíz fascista clásica encubiertas en el manto de una cierta radicalidad acorde con estos tiempos difíciles y el gran descontento social que vivimos. A los que no acepten esta premisa de salida, les recomiendo que se lean, antes de seguir con este artículo, alguna entrada sobre la República de Weimar y cómo los nacionalsocialistas crecieron en Alemania a base de triquiñuelas de marketing que en su momento y lugar también parecían –al Alemán medio- de sentido común. Sean cautos en las lecturas, que igual se me asustan al percibir las muchas similitudes con los tiempos que vivimos y deciden de repente releerse las obras completas de Nietzsche (por aquello del eterno retorno, ya saben). La segunda premisa básica de este artículo nace de la frase ‘si hay gente que mea en las piscinas públicas, la solución no es cerrar las piscinas, es evitar que esos pocos se meen dentro’.
Pues allá vamos, así armados, a desfacer entuertos, como decía Don Quijote. Átense los machos, que hay unos cuantos que aclarar.
El lío que nos ocupa hoy es el provocado por esta supuesta carta abierta de Perez-Reverte que no para de circular por la red, y que levanta olas de admiración, de simpatía, y -cuando no- de adhesiones incondicionales. Más que nada porque acrisola varios de los mensajes confusos que rondan la red desde hace meses. Cuántos de los biencreídos lectores de esa carta han leído también alguna novela del susodicho habría que verlo, ya que es más que evidente –por la pobreza de su redacción y por su final melodramático- que nunca pudo salir de la inefable pluma de Don Arturo. Pero quienquiera que usurpó la identidad de nuestro novelista para esta carta abierta, lo hizo pensando más en utilizar a su favor la imagen mediática que el escritor tiene en el imaginario popular patrio (una reedición contemporánea del tipo duro eternamente cabreado, del cuasi-anarquista héroe trágico marginado por los poderosos que tanta permanencia tiene en el imaginario popular español) que en la valía literaria de la prosa de Don Arturo. Tampoco se me asusten, que no todo es fuego a discreción: que el impostor ya colocó cuidadosamente algunas balas de fogueo para que las cargas envenenadas no se noten tanto.
Por cuestiones de claridad, iré citando los varios puntos del documento y comentando la jugada en estricto orden de aparición, como en las buenas series de antes. Así que, contando con una firma falsa que le ofrecía al impostor una recepción fervorosa casi asegurada, así arranca el artículo (citas del artículo en cursiva):
INDECENTE
Me gustaría transmitirle al Gobierno pasado, al actual, y al que puede venir lo siguiente:
TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus accionistas y directivos; en vez de facilitar el crédito a las familias y a las empresas, erradicarlas comisiones por los servicios bancarios y que dejen de cobrar a los españoles más humildes €30.01, cada vez que su menguada cuenta se queda sin saldo. Cosa que ocurre cada 1º de mes cuando les cargan las facturas de colegios, comunidades, telefonía, Etc. y aun no les han abonado la nómina.
Esos miles de millones del erario público no creo que se los diera el estado a los bancos en cupones de Marsans Viajes o en listas de regalos en el Corte Inglés para que se los gastaran en bonificaciones a sus directivos. Uno sospecha –hay que ver cómo soy- que la idea era ofrecer a la banca la liquidez necesaria para precisamente facilitar el crédito a las familias, pymes, etc en medio de una crisis internacional de liquidez; vamos que si hubiera sido el caso contrario, supongo que los sindicatos, la prensa internacional, el partido de los trabajadores de Cuba, alguien nos habría mostrado el engaño claro y manifiesto de nuestro gobierno irresponsable. Revísense las hemerotecas: pasó en EEUU, España, en Gran Bretaña, Italia… Otra cosa es que los bancos hayan elegido gastarse esos millones irresponsablemente. Esto es lo que pasa cuando uno vive en un país libre con una economía de mercado no intervencionista… ¡Una tragedia, mire usted! Pues ahora no resultará que los bancos son iniciativa privada y el gobierno no puede forzarles a hacer lo que quiera? ¿Pues va a ser que de la misma manera a alguien le puede apetecer gastarse toda la jubilación o el subsidio de desempleo en viajes de tío-vivo con impunidad? ¿Y tenemos que aguantarnos el ejercicio de libertad de estas personas por más que nos pueda parecer insensato o una soberana gilipollez, sin que el gobierno pueda intervenir? ¿Verdad que ya están deseando un estado que intervenga decididamente y sin miramientos? ¿Verdad que sería mucho mejor? ¿Verdad que una economía firmemente dirigida, con una banca nacionalizada sería una delicia? ¡Pues bienvenidos! ¡Acaban ustedes de inventar el estado totalitario! Al estilo de Corea del Norte, de la Cuba de Castro o, si me apuran, ya saben, como la Alemania pura y limpia de los años treinta. Y me dirán ustedes ‘hombre, pero es que el dinero dado a los bancos era de todos’ ¡Pues sí! ¡Y el de las jubilaciones también! Empezamos queriendo intervenir a los banqueros así a las bravas y acabaremos retirando pagas si el pobre pensionista se toma más de cuántas cañas… ¿10, 5? ¿Cuántos pastelitos se podrán comprar nuestros jubilados descarriados antes de que –claro que nunca se menciona ni quién, ni cómo- intervenga y ponga fin a ese desmán? Sí es bien cierto que yo hubiera preferido lo que hizo Gordon Brown en Gran Bretaña: comprar acciones de los bancos. Así se inyectaba dinero público, pero se garantizaba un control público sobre los consejos de dirección de esos bancos. Una suerte de nacionalización de la banca en un formato discreto y liberal, con la idea de vender esas acciones en unos años, salvando la banca, facilitando los créditos y habiendo hecho un beneficio con la operación. Mejor que lo que hicimos aquí es, desde luego completamente de acuerdo; aunque ahora esté Cameron vendiéndoles a sus amigos esos mismos bancos rescatados a unos precios que imponen pérdidas en la inversión hecha por el estado –cómo son estos Tories, no se pierden una; cosas de estudiar en Eton.
Respecto a las comisiones, pues sí oiga, un incordio y una injusticia (la primera bala de fogueo, así colocada junto a la otra para que traguemos mejor con las insidias).
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PONGAN COTO a los desmanes de las empresas de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad.
Querrá usted decir Don Arturo, ‘los servicios más caros y de peor calidad de Europa’. Pero sí, por favor, una ley de competencia decente que evite los abusos; y centros de atención al cliente que no necesiten que saquemos una hipoteca para pagar la factura de esas llamadas de queja (la segunda bala de fogueo, para despistar como les dije; ahora ya nos ha ganado el corazón este Don Arturo, si es que debería de ser presidente del gobierno!).
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ELIMINEN la duplicidad de muchas Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios, reasignado a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que lamentablemente están infrautilizados.
¡Claro! Sin duda alguna Don Arturo (por qué no, llamemos a nuestro impostor por el nombre del suplantado por razones de retórica práctica y efecto dramático, hagamos uso del diálogo socrático). Cuánta razón tiene usted. Lástima que no me diga en qué sentido va a eliminar esas duplicidades, si produciendo una mayor centralización, o una mayor descentralización. Que igual de eso depende el asunto. Pero usted lo deja así por concretar, y nos deja a todos encandilados, desde los centralistas de ‘una, grande y libre’ hasta a los republicanos federalistas, ¡si es usted un hacha!
Puestos nombrados a dedo: horror, anatema. En España, como los numerosos casos de corrupción nos muestran, todos estamos –también- en contra de los puestos nombrados a dedo. ¿No será este un buen momento para aplicar la teoría de la piscina y el irrefrenable mingitar de unos pocos que les mencionaba arriba? ¿No parece lógico que –pese a que debe de haber, y los hay- altos funcionarios de carrera que garantizan la continuidad y el buen funcionamiento de la maquinaria burocrática, los cargos políticos quieran tener un equipo en el que puedan confiar completamente trabajando para ellos? ¿Gente con la que han trabajado durante años y que no van a filtrar información a otros partidos? ¿Gente que no va a retrasar procedimientos, crear dificultades administrativas si alguna idea no coincide con su credo personal? A este respecto, recomiendo el visionado de la serie británica ‘Yes, minister’ en el que se puede ver que la clase funcionarial también se puede convertir en un poder nocivo dentro del estado. Así que, legislar y regular para que el número de ‘asesores’ no sea desproporcionado, evitando que sus sueldos estén muy por encima de sus responsabilidades, sí; pero los asesores y los equipos de gestión independientes de la carrera funcionarial son también necesarios. Evitar que unos pocos mingiten en las piscinas, no cerrarlas.
Es muy posible que después de los párrafos anteriores, a estas alturas estarán ustedes sospechando hasta de su madre, y quizá ya huelen por sí mismos que el tufillo que se desprende en este punto –pese a su intencionada vaguedad- es marcadamente centralista y abiertamente tecnócrata: el funcionario como el mejor gestor de lo público –no es casualidad que Don Arturo eche un par de capotes a tan nutrido grupo social. Así, como antes con los banqueros, levantémonos todos cual 2 de Mayo que los detalles del contrato ya nos los darán después. Igual los que pensaban que desaparecerían las Diputaciones se encuentran con que los parlamentos autonómicos son abolidos en un pis-pas. Sorpresas te da la vida.
Termino este punto –con todo el respeto para mis amigos funcionarios- recordando que hay una posibilidad ínfima, remota y quizá aterradora de que la persona más adecuada y mejor formada para un cargo no sea un funcionario de carrera del estado. Difícil de creer, lo sé. No se piensen que Galileo lo tuvo más fácil para convencer al personal.
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HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos.
Por supuesto, sin ninguna duda. Don Arturo, es usted el defensor de todo lo bueno que hay en España (otra bala de fogueo para que cuelen las que hacen pupa).
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INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes. Y bastantes más por diferentes motivos que se le pueden agregar.
Y tras estos ejercicios de calentamiento, aquí empieza el partido de verdad. Don Arturo, me dice usted –y tomo sus datos, sólo por demostrar lo flojo del argumento- que un diputado cobra diez veces más que un temporero en Almeria –por poner un ejemplo. En este punto hay mucha enjundia, y mucho pensamiento radicalillo confundido. Un diputado es –por hacer una comparación con la empresa privada- un miembro del consejo de administración de una empresa de 50 millones de accionistas que se llama España, con unos presupuestos de amágate aquí. ¿Y nos indigna que esa persona que está en el equipo director gestionando nuestra sanidad, nuestra educación, el futuro de nuestro medio ambiente, el patrimonio entero de 50 millones de personas, cobre 4.000€ más dietas? ¿Eso es indecente? Les recomiendo que busquen sueldos así de ridículos en consejos de administración de la iniciativa privada, a ver qué grandes empresas se encuentran en las que directivos cobren la ‘obscena’ cifra de 4.000€ más dietas. A ver si va a haber una contradicción aquí: todo es por el bien del estado que tanto nos importa, y a la vez ¿tanto despreciamos al estado que queremos sueldos tan mediocres para los que lo administran? A mí lo que me parece es que ese sueldo es, como mínimo, acorde a las responsabilidades, y si me aprietan, les diré que me parece vergonzosamente bajo. Tan vergonzosamente bajo como el sueldo mínimo interprofesional. Pero es que España es lo que es, y se nota de abajo a arriba.
Sobre este punto temiblemente demagógico hay dos observaciones necesarias a hacer:
1. Si el sueldo de los diputados va a ser mucho más bajo, no sé quién –siendo una persona preparada y de éxito- pensará siquiera en dedicarse a gestionar lo público. El diputado medio está ya perdiendo dinero mientras sirve al país, porque si lo dejara y se pasara a la iniciativa privada ganaría más del doble. ¿Piensan que exagero? Vean ustedes: estas semanas pasadas todo el mundo criticó al anterior presidente del gobierno por quedarse ‘a chupar del bote’ (90.000€ anuales) del Consejo de Estado. Nadie se planteó siquiera que al quedarse, ofrecerá su valiosísima experiencia de ex-presidente en una labor consultiva al estado, es decir a los que gestionan el patrimonio de ustedes y de este servidor. Busquen ustedes como le va al señor Aznar, Rato o a Felipe González, y cuánto cobran de los consejos de administración en los que se sientan. Así que ¿en qué redundarían unos sueldos de diputados todavía más bajos? Pues como en todo puesto de trabajo: en aspirantes de peor calidad, y más propensos al cambalache –para redondear lo que le falta a la nómina, y no me digan que eso no les suena.
2. Otro punto, aparte de lo expuesto anteriormente, es la contradicción de que mensajes como este parecen querer buscar una ideal independencia moral total de ninguna imposición por parte de nuestros políticos prácticamente dejándolos sin sueldo. Pues venga, Don Arturo, voy a ser más ‘radi’ que usted: suprimamos los sueldos de los políticos. Y viva la revolución. Claro, aunque más que revolución, sería involución; volvemos a siglos pasados en los que los únicos que podían irse a Madrid y pagarse el capricho de ser diputados eran terratenientes ociosos, miembros del clero y/o la nobleza que podían mantenerse en Madrid de sus rentas sin tener que trabajar y dedicarse a dejarse caer por el congreso y figurar. Eso si que es revolucionario: sólo podrá ser político el que se lo pueda permitir y no necesite trabajar. O, quizá, paguemos tan poco a los diputados que cualquiera pueda comprarles la voluntad: otra propuesta revolucionaria.
Así que como se ve, el problema es que es fácil odiar a alguien que cobra más que uno, sobretodo a alguien que estando como están las cosas tiene un sueldo. Qué ‘radi’ que es usted, Don Arturo. Un revolucionario de tomo y lomo ¿O quizá va a resultar que si empezamos a aplicar estas medidas fáciles y populistas nos cargamos el estado de derecho entre todos, mientras nos damos indignados golpes en el pecho y le hacemos todo el trabajo sucio al fascismo?
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INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.
Datos Don Arturo, llámeme pejiguero, pero quiero datos: ¿Qué ayuntamientos de tercera? Porque yo me conozco bastantes, y creo que se requiere un mínimo de población en el municipio para que el alcalde perciba un sueldo (los concejales ya ni te cuento): Salga usted de Madrid Don Arturo, por favor. Hace un momento buscaba mi indignación diciéndome que un diputado cobraba 4.000€ más dietas, y ¿ahora resulta que el concejal de Villa Pindillos cobra más que si trabajara en cortes? Tiene usted un nuevo grupo social a su favor, Don Arturo, a todos esos diputados ultrajados que están ahora intentando abandonar el hemiciclo del congreso y colarse en las listas de su pueblo ¡Cómo se les pudo pasar ésta!
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INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).
Muy indecente será el sistema y serán los diputados, pero cobrando ahora mismo 4.000€ más dietas, y llevando treinta y pico años con esta práctica no me parece a mí que se hayan clavao mucho, Don Arturo.
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INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35/40 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.
Pero hombre Don Arturo ¿no quiere usted que en el ejercicio del poder uno pueda ejercer su responsabilidad sin tener que doblegarse ante nadie, en plena libertad de conciencia? Pues para que lo hagan, tienen que tener claro que su porvenir no va a depender de ningún grupo de presión, ni de otros partidos, ni del suyo propio. Así saben que pueden votar en el congreso y conducirse en todo momento de acuerdo a su conciencia, no pensando en cómo reflotar una carrera profesional después de 4, 8, 12 años de actividad política y potenciales agravios a unos y a otros. Que aunque no se le pase por la cabeza, hay carreras profesionales que son difíciles de reflotar tras 8 años de servicio público. ¿O volvemos a lo de antes, que sea diputado el que se lo pueda permitir y venga de casa ya con renta vitalicia?
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INDECENTE, es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.
Vuelvo a lo de antes Don Arturo, con ese sueldo, menos el IRPF, para lo que queda yo me estoy quietecico en mi pueblo.
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INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados)
Esto ya lo hemos tocado antes. El teorema de la mingitación y las piscinas, recuerden. Y no se engañen, que si esos técnicos son tan cualificados, van a estar trabajando para la General Motors y ni se plantearán estar de asesor en Mahadaonda, por decir algo. A ver si hay potenciales premios nobel en química sin encontrar trabajo por culpa de los asesores de los alcaldes.
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INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicatos pesebreros, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.
El sistema actual otorga un presupuesto de acuerdo al número de votos obtenidos en las últimas elecciones, lo que parece razonable. Un partido puede ser pobre, pero si tiene el apoyo del pueblo, el estado garantiza que pueda hacer campaña y funcionar en condiciones ¿O es que propone usted unos partidos cuya capacidad de invertir en campaña, recursos, infraestructura, etc dependa de la riqueza de los que lo apoyan y no de los millones que los votan? Es decir, que un partido apoyado por empresarios y con unos resultados de 2.000.000 de votos podría tener más presupuesto de campaña que un partido de muertos de hambre –perdónenme la crudeza de la expresión, pero yo me considero un muerto de hambre- con 15.000.000. Don Arturo, esto es tan ‘radi’ que empieza a parecer fascismo puro y duro. A mí lo que me parece indecente es que no se hayan regulado las donaciones privadas para hacerlas transparentes y públicas. Así sabríamos todos quién es quién. Y si me apura, Don Arturo, ni donaciones privadas, sólo con fondos públicos. Y el tema de los sindicatos, pues lo mismo de lo mismo.
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INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual).
Fantástico ¡Otra de fachas disfrazada de ‘radi’! Vuelve el clasismo: da igual que una persona humilde, con años de experiencia en gestión pública de su ayuntamiento, después comunidad autónoma, etc que ha demostrado que puede hacer el trabajo escale puestos en la gestión pública. Vale más una buena carrera; y venir de buena familia más. Y si me apura usted Don Arturo, habrá que ver de qué universidad es esa carrera. Así que, personas humildes, olvídense de querer meterse a gestionar lo que es suyo, que las personas con educación y de buena casa ya se lo gestionarán.
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INDECENTE, es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
Regular sí, prohibir no. Es necesario. Acuérdense de las piscinas….
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INDECENTE, No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que NO se lo bajen.
Me remito a puntos anteriores. Viva la demagogia.
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INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.
No hay sesiones del congreso durante seis meses. De ahí a decir que los diputados tienen seis meses de vacaciones va un trecho. Anda que no hay cosas que hacer: preparar mociones, leerse propuestas de legislación, asistir a las varias comisiones (que sí se reúnen fuera del período de sesiones), visitar los distritos electorales, etc, etc. Madre mía… Que haya gente que se crea estas cosas… No hay más que ver cómo envejecen: mírense las fotos de ZP en 2004 y ahora. Y no me digan que es de las fiestacas que se ha pegado con José Blanco…
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INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO.
Pues sí, una ley de incompatibilidades racional y justa, de acuerdo con lo expuesto anteriomente.
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Y que sea cuál sea el color del gobierno,toooooooodos los políticos se benefician de este moderno “derecho de pernada” mientras no se cambien las leyes que lo regula.
¿Y quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.
Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con “cara y ojos” para acabar con estos privilegios, y con otros.
¡¡¡ Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos !!!
ÉSTA SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Sin comentario del desparrame último. Para qué. Así que termino aquí. Que cansancio que da desfacer entuertos. No envidio a Don Quijote, ni me sorprende que estuviera loco. Para refutar a estos fascistas camuflados de ‘radis’ izquierdosos hace falta estar un poco chalado y tener mucha fuerza de voluntad. Así que ya saben, cuando les lancen una consigna populista-revolucionaria, miren de reojo, a ver si la sombra es alargada y la cosa no es lo que parece. Que derribamos en un momento lo que costó siglos de construir.
PD: Y les dejo con deberes: ¿Qué les parece que el Consejo General del Poder Judicial pase a no ser nombrado por el congreso de acuerdo a las proporciones del arco parlamentario y que sea elegido por las asociaciones de jueces? ¿Va despolitizar la institución? ¿Va a representar más a la sociedad española? Mediten ustedes sobre este punto en esos jardines privados que ostentan en sus lujosas residencias.
‘Meek’s Cutoff’ is a bold, remarkable movie. Before going on saying that it is remarkable in a variety of cliché ways (wonderful photography, beautifully shot, solid acting, great costume design, etc), I have to say that it is the complete contemporary anti-movie, and is possible that it is only because of this trait that –after not little consideration on my part- it has finally earned my unreserved favour.
The opening scene encapsulates fully what the film is about, and exemplifies the daring treatment of all the cinematic elements listed previously. The fixed camera shot, low onto the ground, shows a flowing river and a group of pioneers in the task of crossing it. The vast space where the action happens is nullified by the angle and the width of the shot, as if the spectator –together with the pioneers- could for now only focus on the river and on the slow task at hand. The sound of the flowing water, wildly amplified, is the true protagonist of these opening minutes, as the sound and the vast spaces of the scenery are never used to provoke the sensation of the ‘great outdoors’, but always to intensify the feeling of one’s isolation, as if the vast spaces and great silence could only intensify one’s thoughts, magnifying every ‘internal’ perception due to the relative absence of external stimuli. The always too-loud, oppressive soundtrack –when it finally appears- is designed to make one even more aware of the obsessive character of individual solitude in the wide space, almost becoming the inescapable sound of one’s own thoughts. This sense of isolation in the space and in relation to the other characters is enhanced by the almost non-existent dialog, with its first words drowned in the sound of the river. One character writes on the trunk of a fallen tree: ‘lost’. We need to know no more.
The absence of plot is a conscientious throw back to the days before one needed a busy sequence of events to have a narrative: the situation in the film being what it is, it doesn’t give us any sympathy, any help, any guidance, any hints. Facts were definitely not going to be carelessly used to distract us from the situation and the slow evolution of its characters. In its detachment, the narrative is perfectly realistic, a monument to modernist novels: Faced with the following… What would you do? Who would you trust? Where would you go?

However, below the innumerable layers of dirt accumulated through one’s life, below one’s particular and personal irregularities, and one could say below everything that makes us be who we are, in each every single one of those projections also beats an indestructible truth, archetypal and eternal: love, death, happiness

Let’s accept the metaphor ‘your absence is a labyrinth growing into my soul’ as a valid one; let’s, with indulgence, partake in the spirit of the Italian nobleman who wrote it –amongst other palpitating verses- to his distant beloved during the summer of 1826; let’s take it, in short, as a possible consequence of what could occur in one’s mind due to the lack of presence of one’s object of desire.
These two labyrinths -in their growing and extending- could possibly touch in the infinity of space, like the intertwining fingers of two young lovers; in fact, the more unassailable the love, the bigger the labyrinths and their ramifications, and so the possibilities for that intersection to become real.
I received an e-mail from conductor Eduardo Portal at the beginning of last July outlining the possibility of a commission of a piece for the Burgos Summer Festival (Spain), which would eventually be premiered during the Festival by the Antares Ensemble under his baton. I found out in the course of the ensuing correspondence with the chap in question that the piece, if I was to write it, was going to receive its premiere on the 11th of September, 2009, and not 2010. This, effectively, was going to leave me with four weeks to produce a finished score and parts, which by any standards is not very much at all.
In the end, and furthering those ideas even more, it was decided that the Purcell would be played by a quartet with a tiorba, and my Echo and Narcissus by the rest of the Antares Ensemble. I wrote Echo and Narcissus knowing this and therefore taking into account the tonal centres of the Purcell, and also the duration of its movements in order to create a juxtaposed ordering that would fit each piece like a glove. The stage disposition was orchestra on the left, quartet on the right, and all the movements were played as a continuum on the night. This really brought out the best out of the two narratives, as the different styles refreshed each other, and the different sizes, spatial relation and character of the ensembles really turned the whole experience into a sort of musical zapping of two pieces, of two narratives designed for similar purposes, but in totally different contexts.
I went into the English National Opera without knowing what to expect of L’Amour de Loin. I didn’t know that much of Saariaho’s music, but had heard some positive comments on the lead-up to the performance. The subject, that of impossible love and based on Occitan courtesan love poetry of the Middle Ages –a literary tradition entwined so strongly with my Catalan forefathers-, was pregnant with interesting possibilities of re-interpretation, of translation of its symbolism, of actualisation of a subject –that of loving the impossible- which has been experienced by humans for thousands of years, indeed since humans became humans.
It is always very strange to write long time afterwards about performances one experienced, even more if one –that is, me- seemed to rather carelessly not take down notes about it. Nevertheless, I reckon the distance and the forgetting provide an extra filter for the judging of the pieces, as indeed one only carries within the more memorable instances, the more striking gestures and long lasting instants. It is under this distant and faint light that I approach the reviewing of these two performances: Birtwhistle’s double bill at the Queen Elizabeth Hall (Semper Dowland, Semper Dolens and The Corridor) and (in the following A Composer’s Notebook entry) the English National Opera rendition of Kaija Saariaho’s opera L’Amour de Loin.
I come back to this blog after too long a break from it. The always manic end of the academic year was this time spiced up with the further addition of two commissions to be written over the summer, one with very short notice indeed. Hence, I was prevented from writing on these pages by the serious work I had to put in for those pieces and, on the other hand, also by the imperative need to get some proper rest during the summer.
I was fortunate enough to get tickets for the last Royal Opera House production of Lulu. I went on Saturday evening, the 13th of June. London was in that strange in between when the combination of late sunsets, heat, sun, and sudden showers makes one think of the summer that is round the corner, but isn’t quite there yet. The Opera House terrace, which overlooks Covent Garden Market, was the perfect spot to get some fresh air during the intervals and down one’s drink while observing the busy comings and goings of the crowd in the square below.
Today we can find the same characters in the streets of the City of London, and putting the same lines in their mouths as Wedekind wrote a hundred years ago would seem the most natural thing. In a way, Europe is reliving the 1929 crack, with its prior demises, excesses, corruptions; with its turning a blind eye to the rising of extremisms, with a fearful society that turns on its back and trusts their destiny to the conservatives not so much to go forward, but to ensure nothing changes, that certain privileges are not lost; and nevertheless waiving its rights without too much thought at the first order that ‘sacrifices have to be made’ to remain secure.

Históricamente se ha asociado a las diferentes vertientes políticas de derecha e izquierda ciertas propensiones filosóficas y de pensamiento. Esto es, la sociedad Moderna articuló sus dos polos políticos de una forma Moderna: dos pensamientos coherentes, linajes de pensadores de uno u otro bando que habían generado un corpus teórico, unas políticas con unos objetivos claros y simples, preceptos que eran transmitidos de manera similarmente directa y clara a las bases sociales de esos grupos políticos.
El conservador siempre ha tendido a definirse en relación a la idea de permanencia, de conservar (conservadores), o de reacción frente al cambio (reaccionarios) o incluso de un sentimiento de nostalgia (los nostálgicos de éste u otro régimen: franquistas, carlistas, etc, incluso cierto tipo de republicanos). Los conservadores creen en el presente como una perpetuación directa de la Historia ya acontecida, y consiguientemente viven el paso del tiempo como una lucha empecinada para mantener ciertas estructuras tradicionales de poder, mantener viva la memoria de sus poderosos (sean Carlos V o Don Pelayo), y de sus mitos políticos (desde ‘no se ponía el sol’, hasta ‘con Franco se vivía plácidamente’).
El progresista, por el contrario, se define por su voluntad de cambio, por creer en la idea Moderna de progreso (progresista), y sentir la Historia como un proyecto abierto al futuro, una conquista progresiva de derechos y libertades individuales. El progresista entiende el presente como hijo del pasado pero acepta que el presente tiene el deber de abrirse al futuro incluso si esto implica correr riesgos o aceptar incertidumbres. La izquierda entiende la Historia como la continuación de un gran proyecto de desregularización de las tradicionales imposiciones sociales y culturales; proyecto que se inició en la Modernidad y que ha culminado recientemente en la Post-Modernidad.
Es ésta la gran crisis de la izquierda contemporánea. La paradoja de la izquierda es la misma que la de la Modernidad: la esperada aplicación a todos los niveles de sus principios ha acabado aniquilándola. De la misma manera que los principios Modernos han acabado implantándose en la contemporaneidad desintegrando la Modernidad en Post-Modernidad, los principios de liberación y de derechos personales que la izquierda ha abanderado se han aplicado finalmente en el estado del bienestar, para misteriosamente anestesiar al progresismo frente a la realidad, convirtiéndolo en una constelación de pequeñas voluntades extremadamente celosas de su espacio personal, y a la vez completamente incapaces de hacer nada por salvarlo, atomizadas sus voluntades en dispersión Post-Moderna.
Siguiendo las tres cartas anteriores, y dado que las elecciones al Parlamento Europeo tienen lugar el próximo domingo, creo apropiado dirigir unas pocas líneas al votante progresista respecto a las consideraciones que pienso deberían definir su respuesta electoral en este momento.
Queda dit des d’un principi, i abans que entre a discutir la raó principal d’aquest article, que jo no suporte els postulats independentistes d’alguns partits autodefinits progressistes Valencians. La proposta independentista no només em sembla ridícula en un món que camina irresolublement cap a la globalització –ens agrade o no-, sinó precissament pel caràcter irresoluble del fet globalitzador la proposta nacionalista és reaccionària, no progressista. El futur passa per com estructurem i implementem la globalització, no per un tradicionalisme romàntic que, a banda de nostàlgic, pot declarar-se valedor de polítiques d’esquerres.
Des de temps immemorial València ha estat una de les finestres principals de la península cap al Mediterrani, sent port pels mercaders Grecs i Fenicis des dels temps de l’Antiguitat. Açò configurà des de ben prompte el nostre caràcter de nació oberta a l’altre, disposta al intercanvi i a la innovació, acollidora de persones i idees. D’alguna manera la nostra identitat primigènia naix durant eixos segles d’intercanvis constants amb els altres pobladors de la Mediterrània.
No em sorprèn en absolut que Zapatero siga forofo del Barça. El President deu de veure la seua actitud vital i molts dels seus propis principis de generositat, sacrifici, talant, i amor per les coses ben fetes encarnats al camp de futbol en el joc del Barcelona. No ens ha de sorprendre tampoc la forma en la que lloà al discret Iniesta en una entrevista radiofònica posterior al partit, ni com va insistir una i altra vegada que el que fa encara més gran al jugador és que manté els mateixos ideals dins i fora del camp.
Salta de nuevo de la mano del PP la polémica fácil que tanto gusta a los suyos, esa que produce una indignación rápida y desinformada en el público desprevenido y fácilmente manipulable. Esta vez por la utilización por parte del Presidente del Gobierno de un avión militar para desplazarse a mítines en campaña electoral.
